Radiografía del Fin del Mundo, Ushuaia

0


Radiografía del Fin del Mundo, Ushuaia

  • Autor: Schatzi Bachmann

Por razones laborales estuve seis meses viviendo en Ushuaia,  tiempo más que suficiente como para recorrer algunos rincones del Fin del Mundo.

Esta ciudad tan pintoresca, que además de ser la más austral del mundo, la puerta de entrada a la Antártida y una de las pocas en llevar nombre aborigen (en Yámana, “bahía que mira al Oeste”), es la única de la Argentina de carácter transandino –efectivamente, la Cordillera de los Andes interrumpe el trazado de la RN3 cuando vira hacia el

Este, obligando a trasponerla por el Paso Garibaldi–, ejerce un magnetismo que supera las fronteras de nuestro territorio y convoca, inclusive, a inversionistas extranjeros que quedan prendados de su halo mágico y se vuelcan a los servicios turísticos, el principal medio de vida de la localidad.

Dotada de una naturaleza incomparable, con densos bosques de coihues y lengas, extensos turbales, deliciosos arroyos y una nutrida fauna marina costera, en sus inmediaciones existe una infinidad de posibilidades de realizar actividades al aire libre en la naturaleza. El clima es muy variable, tal como lo describen muchos diciendo que “puede tener cada día las cuatro estaciones del año”, es decir, lluvia, viento, nieve y sol. Por ello, quienes viajan a la zona deben prever con antelación qué ropa van a llevar en el equipaje, entre la que seguramente no podrán faltar un rompevientos, ropa de lluvia y calzado de trekking. Es aconsejable vestirse debajo del abrigo con capas de algodón (remeras o camisetas), tipo cebolla, como para ir quitándose prendas según varíe la temperatura.

Naturaleza protegida

Uno de los hitos naturalísticos y turísticos más tradicionales de la región es el Parque Nacional Tierra del Fuego, cuyo portal está situado a 12 kilómetros del centro de Ushuaia. En esta área protegida, que fue creada en 1960 y ocupa 63.000 hectáreas, se pueden realizar múltiples actividades, como caminatas de diferentes exigencias. Una de ellas es la que se realiza por la senda costera, que resulta maravillosa. Dura unas 4 horas y tiene una longitud de 6,5 km, durante los cuales bordea el sector del Canal de Beagle de Bahía Ensenada Zaratiegui, de donde se puede observar la isla Redonda y, al fondo, las islas chilenas Navarino y Hoste, separadas por el canal Murray. Penetrando luego en la Bahía Lapataia, se llega al cruce del camino que lleva al camping organizado del Lago Roca.

Se puede seguir caminando por la RN 3 a lo largo de unos 4,5 km más, hasta alcanzar el final, que tiene la particularidad de serlo también de la a veces intangible Ruta Panamericana que comienza en Alaska . Es un camino fantástico, en el que se pueden ver bosques siempre verdes de guindos y coihues magallánicos (Nothofagus betuloides, así como también de canelos (Drimys winteri,) que en primavera tienen una llamativa flor blanca. De su corteza, muy rica en vitamina C, los navegantes del siglo XVIII que pasaron por el área preparaban una infusión que era utilizada como antirreumático, antiescorbútico y desinfectante.

Es fantástico descubrir a cada paso paisajes magníficos, como el del bosque que baja hasta la costa del Canal Beagle, y observar las transparentes aguas saladas. Allí, el visitante podrá sentir los sonidos de la naturaleza y sus silencios; el rumor de las olas que rompen en las playitas cercanas; el graznido de los cauquenes comunes y reales, y de las carancas; el sonido metálico de las bandurrias, con sus picos largos y curvos; y también el sonido seco de los golpes que producen los pájaros carpinteros buscando su alimento en los troncos de los árboles.
A nuestro paso también encontraremos ejemplares de fauna introducida de otros países, como los conejos, que se han reproducido de tal manera que hoy se los considera plaga, y los castores, que realizan sus diques inundando sectores de esta área protegida y del resto de la isla. A los ojos del turista, son criaturas adorables, pero quienes los trajeron jamás pensaron el daño irreparable que están ocasionándole a Tierra del Fuego.
En Bahía Lapataia, en tanto, se pueden observar los concheros, restos arqueológicos pertenecientes a los primeros habitantes del lugar, quienes se alimentaban de los frutos del mar.

A todo pedal

También se puede llegar a Bahía Lapataia desde la ciudad de Ushuaia en bicicleta. Los primeros kilómetros son de asfalto, pero luego comienza el tramo de ripio. La ruta pasa por el puente del río Pipo y bordea la cancha de golf más austral del mundo, que tiene 8 hoyos. Desde ella se puede ver el monte Susana, de 500 m de altura y situado al suroeste del ejido urbano, cuya forma aborregada es un ejemplo de la acción de los hielos en la Era Glaciaria.
A poca distancia se encuentra la estación cabecera del Tren Turístico del Fin del Mundo, cuyo recorrido finaliza adentro del parque nacional. Este emblemático tren trasladaba a los presos, que, hacia 1910, era utilizado para transportar madera para la construcción y con el fin de calefaccionar las casas, algo muy común en esa época.
Al llegar a la entrada del parque nacional, hay una casilla para pagar la entrada, y una vez realizado ese trámite, ya adentro del área, se pueden observar castoreras abandonadas cuyo rastro visible son los troncos secos de los árboles, aunque también otras activas, con sus destructivos diques y las grandes extensiones de tierra inundadas. También se divisan turberas, en las que domina el musgo Sphagnum maguellanicum, que tiene un vistoso color rojizo.
Después de pedalear un poco más de seis kilómetros dentro del Parque Nacional, nos sale al cruce el puente sobre el río Lapataia, tras lo cual ingresamos a la isla Grande. Podemos observar cientos de conejos negros, grises y marrones que se alimentan de la hierba, por demás tierna. Después le llega el turno al puente tendido sobre el río Ovando, y al finalizar estos últimos cuatro kilómetros dentro de un increíble bosque de lengas, en el que se puede ver y escuchar el sonido de los pájaros carpinteros que buscan con sus picos su alimento en la corteza de los árboles, se llega al final, para ingresar al área recreativa del sector Lapataia, situado a 3063 km de Buenos Aires.
A propósito, durante mi estadía en Ushuaia fui testigo de la llegada de visitantes provenientes de diferentes países que llegaban desde Alaska tras recorrer más de 17.000 km, muchos de ellos en moto y hasta en bicicleta. Una vez allí, resulta imprescindible recorrer a pie las pasarelas que resguardan los sitios arqueológicos y acercarse a la costa del lago Roca antes de regresar por el mismo camino. Allí hay un camping organizado con salón comedor, sanitarios, duchas, fogones y lugares adonde armar la carpa. Para llegar al lago se bordea el río Lapataia, en donde se pueden ver diferentes tipos de aves, tales como bandurrias, cauquenes, cisnes de cuello negro, chimangos, caranchos, teros y patos barcinos y maiceros. En primavera y en verano, el plato fuerte es observarlos actuar con sus crías.
Para hacer esta salida conviene salir temprano por la mañana y regresar después de las 18:00, como para no toparse con los vehículos de transporte de las excursiones, que en los días secos levantan mucho polvo. Además, en algunos tramos el camino es angosto y resulta un tanto peligroso transitarlo en bicicleta.

Aventura a pie

Las caminatas que se pueden realizar en las inmediaciones de Ushuaia resultan imperdibles. Participé de dos salidas con el Club Andino Ushuaia, una de ellas al cerro Dos Banderas, que se encuentra detrás de la ciudad. Este hermoso hiking, que se inicia por un sendero que comienza detrás del hotel Ushuaia, situado en la calle Lasserre al 900, obliga a caminar por un hermosísimo bosque de lengas (Nothofagus pumilio). Se encuentra bien marcado hasta un punto, pero después se torna un tanto dificultoso, razón por la cual es importante contar con un guía de montaña. Se continúa ascendiendo por sobre la línea del bosque, que en Tierra del Fuego se encuentra a los 600 m.s.n.m. Ahora, el terreno es totalmente cambiante, ya que se alternan sectores con cobertura vegetal muy acolchada o almohadillada, con otros con turberas, terreno muy húmedo en el que parece que se caminara sobre esponjas, y roca totalmente suelta, en la que se sube un paso y se retroceden dos (para este salida se recomienda llevar calzado fuerte, porque las rocas son filosas y están sueltas).

Al llegar a la cumbre, si se mira al Este se puede observar el Glaciar Vinciguerra, en tanto que al Sur la vista es maravillosa, dado que se divisa la ciudad de Ushuaia besando la costa de la bahía, sobre el Canal Beagle, además de las islas Hoste y Navarino, y el canal que las separa, el Murray. Asimismo, si se gira la cabeza hacia el Oeste se descubre la imponente cordillera de Darwin, ya en Chile, con sus nieves eternas. Esta visión sublime incluye la posibilidad de ver cómo los glaciares, de 1000 m de espesor, han esculpido el paisaje con formas caprichosas, que contribuyen a realzar la majestuosidad del escenario.

Cuando llegamos a la cumbre, entre todos los participantes de la travesía armamos una pirca circular con rocas sueltas, para luego colocar adentro un recipiente plástico con un cuaderno del Club Andino Ushuaia, en el que ya figuran nuestros nombres, además de lápiz y sacapuntas, para que cada persona que ascienda hasta allí pueda dejar algún mensaje o, simplemente, su firma, como testimonio de su “proeza”.
Nuestros ojos no dejaban de asombrarse ante esta fantástica vista. Escrutaban hasta el más mínimo detalle, como sacando una radiografía del Fin del Mundo. En mi caso, recuerdo que en ese momento mi mirada se perdía a lo lejos, imaginándome que a sólo 1000 km de allí se encontraba la Antártida, que durante el verano recibe a tantos turistas procedentes de los rincones más lejanos, dispuestos a rendirle homenaje al Continente Blanco.
Me sentía plena por haber logrado la cima, por haber participado de la excursión y por haber compartido esta experiencia con habitantes de Ushuaia, los dueños de casa, pero a mi vez sentía cierta tristeza porque mis compañeros de aventuras de Bariloche no estaban caminando los Andes Fueguinos junto a mí…
No nos daban ganas de descender… Pero empezaba a hacer frío, el viento comenzaba a azotar y no podíamos correr el menor riesgo.
Indudablemente, la naturaleza había decretado que ya era hora de volver a la ciudad.

Información sobre actividades

Administración del Parque Nacional Tierra del Fuego:
San Martín 1395, Ushuaia, tel. 02901-421315, tierradelfuego@apn.gov.ar.

Club Andino Ushuaia:
Juana Fadul 53, Ushuaia.

Instituto Fueguino de Turismo:
Av. Maipú 505, Ushuaia, www.tierradelfuego.org.ar

Tags:  ,

diciembre 3rd, 20109:01 pm @